La investigación con células madre a debate en los cursos de verano de la UMA

La tercera jornada de la segunda semana de los Cursos de Verano de la Universidad de Málaga en Vélez-Málaga ha estado protagonizada por diferentes expertos que han tratado temas como, células madre, fotodermatosis, las grandes obras del emperador Trajano en la Península Ibérica, la terapia celular de las enfermedades cardiovasculares, y las acciones humanitarias en zonas de conflictos, entre otros.

En el curso titulado “Los nuevos desafíos de la biología” el protagonista de hoy ha sido el profesor de la UMA, José María Pérez Pomares, Doctor en Ciencias Biológicas y ganador del VI Premio de Investigación Tercer Milenio. Su grupo de investigación forma parte del consorcio Heart Failure and Cardiac Repair (financiado por el VI Convenio Marco de I+D de la UE), formado por otros 27 equipos de ocho países de la Unión Europea y la empresa sueca CELLARTIS, dedicada a la aplicación terapéutica de células madre, que tiene una inversión de 11,4 millones de euros.

En cuanto a la investigación de las células madre, este experto ha señalado que actualmente en España se está investigando en la extracción de células madre adultas de la médula ósea para inyectarlas en el músculo del corazón, con la esperanza de que lo regenere, lo que sustituiría el músculo dañado tras un infarto por otro de nueva formación. Según Pérez, “la realidad es que parece que esto no funciona así, sólo se han comprobado ligeras mejorías, que son cómo si cayeran tres gotas de agua en un océano y desde el punto de vista científico, un científico serio no puede decir  que hay una mejora real, simplemente porque te cuadra la estadística”. En este sentido, el catedrático arguyó que por eso ahora mismo en la comunidad científica hay un replanteamiento para averiguar cuál puede ser la fuente ideal de células para regenerar ese tejido “y cada uno tiene su candidata, aunque todas tienen sus ventajas e inconvenientes”.

Según Pérez, hay células que proliferan y crecen muy bien en cultivo, con lo que de pocas células se pueden conseguir un número elevado de las mismas, pero este tipo de células suelen tener una cierta tendencia a generar algunos tipos de cáncer y teratomas; y otras que se diferencian con más dificultad, como el músculo, pero luego envejecen y presentan graves problemas de rechazo inmunológico. La tercera vía, explicó este profesor, “es la búsqueda de las denominadas fuentes autólogas de células para esa reparación, es decir, buscar células dentro del cuerpo de la persona que está enferma que se puedan utilizar para curar a esa misma persona, evitando así el problema del rechazo. Además esas células tienen que tener la capacidad de proliferación en cultivo, preferentemente en laboratorio porque dentro de la misma persona es más difícil de controlar. Por último, esas células tendrían que transformarse exactamente en el tipo de células que necesitamos para curar: células del páncreas para la diabetes, para el corazón miocardiocitos y así sucesivamente”.

El problema es que, según este experto, “estamos en una situación muy complicada porque se han creado muchas expectativas en los últimos años, la gente está muy interesada, pero hay una doble presión. Por un lado el contribuyente y el que pone el dinero para la investigación pública, dónde englobamos a los enfermos, tiene una formación científica en general básica, culpa nuestra posiblemente por no realizar una divulgación más cercana. Pero habría que explicar cómo la investigación de alta calidad también es una investigación de alta seguridad y cómo algunas cosas llevan más tiempo del que nos gustaría, pero en este ámbito eso es una garantía”. En este sentido el catedrático ha señalado que “ha habido mucha gente que por cierto tipo de necesidades ha visto la oportunidad en el interés político del uso de las células madre para diferentes terapias, erigiéndose como capaces de un acto de voluntad y no de una realidad científica. “Alrededor ha habido un gran movimiento mediático y cuentan unas milongas que no hacen nada más que reforzar la idea en la población de que eso se puede hacer y que son los enemigos jurados y otras razones por las que no se consigue que estas terapias salgan adelante. No es real que el Gobierno no promueva la investigación, ni que la Unión Europea ponga cortapisas, el problema real es que los resultados científicos no avalan la puesta en marcha de este tipo de terapias”.

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Para este catedrático es evidente que las células madre no son sólo una promesa, “son una realidad tangible y una de las soluciones reales para curar algunas enfermedades, y hay que insistir y seguir trabajando en serio durante más tiempo, explicando en detalle lo que se está consiguiendo en los laboratorios y en la experimentación con animales, porque no es legal y es amoral trabajar e investigar en el ámbito de las células madre con embriones humanos”, apostilló.

En este sentido, Pérez apuesta por la transferencia de resultados, desde invertebrados más pequeños a animales como el cerdo. Este experto de desarrollo embrionario del sistema cardiovascular, ha manifestado que de las 70.000 personas que padecen insuficiencia cardiaca, sólo 250 pueden recibir un trasplante, “con lo que la posible terapia celular puede ser muy importante, pero también hay que ser muy cuidadoso porque sino estamos jugando con la esperanza de la gente”, arguyó Pérez.

Este profesor de la UMA, busca equilibrar las células denominadas miocardiocitos para que formen nuevo músculo cardíaco y además creen vasos sanguíneos disminuyendo así, la respuesta inflamatoria. Así mismo, ha manifestado que el flujo de información entre investigadores y científicos es fundamental, “porque así se intercambia y avanza”  además de que el Gobierno y la Comunidad Autónoma Andaluza han decidido hacer una apuesta clara por el desarrollo de las terapias avanzadas. Según Pérez, “los Gobiernos deberían establecer una especie de meritocracia, porque no debe tener preferencia el que dice que va a hacer algo sino el que lo hace o ya lo ha hecho, y esos méritos a veces se tienen en cuenta y otras no, provocando el enfado de los científicos que sí se toman la investigación en serio” apostilló. Según Pérez, la burocracia, además del trabajo, que tiene que realizar un científico en su día a día es enorme y si además está enfadado porque hay científicos que quieren ser lo que no son y sin ponerse límites no ayuda a los científicos que sí quieren ser reconocidos por las realidades científicas y no por las promesas.

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